Langosta Sexy
He cometido un terrible error.
Cualquiera que sea el error que te hayas imaginado, probablemente no es del que estoy hablando. Pero… tal vez sí he cometido el error que piensas. ¿Quién sabe? No soy telépata… ¿o sí?
En fin, el terrible error es este. Todo el mundo siempre me dice que mi hijo mayor se parece muchísimo a mí, en versión niño de seis años. Y yo lo tomo con mucho orgullo, porque pienso que es un guapito. Eso no es un error.
Hoy después del desayuno mis hijos querían jugar un rato en el agua y, como no estaba tan soleado y aún no era mediodía, me metí con ellos. Sin bloqueador. “Va a estar bien —pensé—, no será por mucho tiempo y luego volveremos a la habitación para ponernos protector. Mis hijos nunca se queman.”
Bueno… mis hijos nunca se queman, pero yo sí. Olvidé que, aunque mi hijo se parece a mí, él heredó el hermoso gen de “bronceado natural” mientras que yo tengo el gen de “langosta en olla de agua hirviendo”. Un gen tan sexy, lo sé.
Gracias al molesto abultamiento de la Tierra en el ecuador, Ecuador está particularmente cerca del sol, incluso a nivel del mar. Así que mi racionalización de “no será por mucho tiempo, no está tan soleado” esta mañana me dejó convertida en un rojo vivo… y ahora me la paso haciendo muecas de dolor.
Ni modo.
Hasta la próxima.
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